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DIFERENCIA ENTRE ADAPTACIÓN CURRICULAR SIGNIFICATIVA Y METODOLÓGICA

En el ámbito escolar, una de las medidas de atención a la diversidad para atender al alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo son las adaptaciones curriculares (AACC). La significatividad de estas adaptaciones viene determinada por las necesidases curriculares que el alumno tiene, influyendo directamente en los elementos de enseñanza – aprendizaje que se ajustarán. Jesús Jarque, administrador del conocido blog “Familia y cole” nos facilita un clarificador artículo donde se explican las principales diferencias entre las AACC significativas y las metodológicas. * Rincón de Atención a la Diversidad *

Diferencia entre Adaptación Curricular Significativa y Metodológica.



 evaluación



 A menudo decimos que un alumno o una alumna con necesidades específicas de apoyo educativo está siguiendo una adaptación curricular no significativa. Es decir, afirmamos con ello que estamos utilizando para dicho alumno o alumna formas diferentes de plantear el proceso de enseñanza (adaptaciones en la metodología) y/o en los procedimientos para la evaluación.

Sin embargo, es igualmente frecuente que estas adaptaciones en la evaluación no se materialicen y se ponga al alumno o la alumna la misma prueba que al resto de sus compañeros y compañeras. Es justo lo que sucede en la ilustración que hemos elegido para encabezar este post. Esta ilustración (cuya autoría desconozco, pero que utilizo constantemente) viene a reflejar lo que sucede en nuestras aulas con más frecuencia de la deseada: adecuamos la forma de enseñar, pero ponemos al alumno el mismo control quincenal que hacen sus compañeras y compañeros.

Adecuar la evaluación no es tan difícil. Basta con pensar un poco para darse cuenta de que podemos recurrir a sencillas adaptaciones que nos permitirán comprobar si un alumno o alumna está alcanzando los objetivos que nos planteamos o si ha adquirido el aprendizaje que realmente queremos evaluar.

A continuación veremos algunas adaptaciones. No pretendemos hacer una descripción minuciosa, sino, simplemente, abrir una puerta con sencillas recomendaciones que, cualquier docente puede ampliar, modificar y superar (sin ninguna duda). Veámoslas:

Prueba oral en sustitución de prueba escrita: Piensen en un alumno o alumna que tenga, por ejemplo, una dificultad específica en el aprendizaje de la lectura y la escritura (un alumno o alumna con dislexia y/o disgrafía). Hacer que este alumno o alumna utilice la escritura como única forma de mostrar sus conocimientos, puede ser un elemento de estrés que no le permita demostrar lo que sabe. Para este alumno o alumna, es sencillo recurrir a una prueba oral para saber si, por ejemplo, se ha aprendido los nombres de los principales ríos de España. ¿No creen?

– Uso de un ordenador con procesador de textos: El mismo alumno o alumna del caso anterior, podría hacer un excelente control o examen escrito si utilizase un procesador de textos instalado en un ordenador. Claro, en este caso, el alumno o alumna podría ver señaladas las faltas de ortografía y podría corregirlas… ¿Está mal hacerlo? ¿Si el alumno está explicando la Revolución Francesa, no lo hará mejor si puede despreocuparse de un condicionante claro de sus resultados?

– Presentación segmentada de las pruebas escritas: El control para toda la clase consta de 10 preguntas que se presentan en un folio escrito por las dos caras, Piensen, por ejemplo, en un alumno o alumna que tenga un trastorno por déficit de atención (con o sin hiperactividad). Este alumno o alumna, puede haber aprendido justamente lo que se pretende que aprenda, pero, a la hora de hacer ese control, podría responder desordenadamente las preguntas, saltarse alguna o hacerse un tremendo lío ante un texto tan complejo para su forma de percibir la información. Para este alumno o alumna, puede ser una buena idea presentar el mismo control segmentado: le entregamos un folio por pregunta y se las vamos dando ordenadamente: haces la primera, la entregas y te doy la segunda… Y así sucesivamente.

– Ampliación del tiempo destinado a la realización de la prueba: a veces, un examen se convierte en una prueba a contrarreloj. Tenemos que demostrar, no solo que sabemos lo que nos preguntan, sino también que somos capaces de escribirlo en un tiempo determinado. ¿Es esto lo que queremos evaluar? O, por el contrario ¿queremos evaluar si el alumno o alumna ha adquirido los conocimientos que corresponden a una determinada unidad? Creo que la respuesta es evidente. En tal caso, ¿no podríamos ampliar el tiempo destinado a la realización de una prueba escrita para aquellos alumnos y alumnas que lo necesiten? Yo creo que sí.

Estas sencillas adaptaciones y todas las que se os ocurran tienen que ver únicamente con la forma de presentar los exámenes o controles. Pero, también podemos adaptar el contenido de las pruebas haciendo mínimas modificaciones para alumnos y alumnas que tengan un nivel de competencia curricular inferior al resto de compañeras y compañeros. Veamos algunos ejemplos:

– Reducción del nivel de abstracción de los textos: Supongamos que tenemos un alumno o una alumna sordos. El nivel de comprensión de textos abstractos es diferente al de sus compañeros y compañeras. Resultará fácil adaptar la prueba utilizando imágenes de apoyo o simplificando los textos que se utilicen para la formulación de las preguntas.

– Ayudas visuales: En estrecha relación con lo dicho en el párrafo anterior, se pueden utilizar apoyos visuales para ayudar a determinados alumnos y alumnas a entender qué se les pide en la pregunta (pictogramas de apoyo a las consignas) o de qué trata dicha pregunta (imágenes e ilustraciones explicativas).

– Selección de los aspectos más relevantes: Todos sabemos que hay aprendizajes que son esenciales y otros que resultan, por llamarlos de algún modo, accesorios. No resulta complicado hacer pruebas de evaluación exprofeso para determinados alumnos y alumnas con mayores dificultades, seleccionando solo aquellos aspectos que se consideren fundamentales.

Estas son algunas de las recomendaciones que podríamos tener en cuenta a la hora de diversificar las formas de evaluación. Y, si se fijan, ninguna de ellas depende de ningún recurso personal especializado diferente al profesorado ordinario. Todo ello, contando, por supuesto, con la realización de las clásicas pruebas de evaluación o exámenes (que es en lo que nos hemos centrado). Ni que decir tiene que, siempre será recomendable ir prescindiendo de este tipo de pruebas y recurrir a otras vías para la evaluación de los aprendizajes que se centren en el trabajo diario del alumno o la alumna. De este modo, herramientas como el portafolios, pueden ser una excelente opción para evaluar qué han aprendido (mejor dicho, qué están aprendiendo) nuestros alumnos y alumnas… Pero eso, lo dejaremos para otro día.

Del blog “Hacia una Escuela Inclusiva” de Manuel Vázquez Uceda

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